lunes, 22 de diciembre de 2008

Yo siempre lo supe,
pero que lindos tiempos,
que lindo era jugar con la ingenuidad.

Corriendo como niños,
la pradera era nuestra,
tiempos verdes y felicez.

El verano comienza de nuevo,
a las vidas se les vuelve el alma,
lluvia veraniega que nos envuelve,
y el sol que curte nuestras pieles.

Todo este ritual,
para retornar a la calida mano,
calida mano del hormigon.


' M.C.S

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